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jueves, 4 de junio de 2015

Anti vacunas



Decía Einstein: “Solo hay dos cosas infinitas: el Universo y la estupidez humana. Y del Universo no estoy seguro” Y tristemente, en plena era de la información, en los albores de la inteligencia artificial, la estupidez humana lucha cada día por hacer buenas las palabras del genio.

En lo que llamamos el primer mundo, mientras unos se atiborran de alimentos milagros para el bienestar digestivo, otros se embadurnan en mil ungüentos para no envejecer, tomamos pastillas para poder dormir y bebidas energéticas para no dormir. Mientras unos donan el dinero que no tienen para vacunar “negritos” en Somalia, otros juegan con la vida de todos al no vacunar a sus hijos.

La difteria lleva erradicada de España desde 1986, el país más cercano donde se dan casos, es Rusia, a más de siete mil kilómetros de distancia. La vacunación es gratuita y la posibilidad efectos secundarios de esta, fuera de unas décimas de fiebre durante unos días es diez veces menos que de morir en un accidente aéreo. Sin embargo, un niño de 6 años está entre la vida y la muerte porque sus padres decidieron que sabían más que médicos o epidemiólogos  y era preferible no vacunar al niño.

¿Y qué razón puede haber? ¿Por qué juegas con la vida de tu hijo y la de todos los niños que se acerquen a él? Porque si lo que se cuenta es cierto, el niño estuvo “de campamentos” durante el periodo en que podía infectar a otros niños y aun no tenía síntomas.

Una causa posible es la boantropía. Para entendernos, creerse un buey o una vaca. Y es que los primeros anti vacunas, nacieron junto con las vacunas y según los relatos de la época, decían que las personas vacunadas tendrían apetitos bovinos, mugirían y caminarían a cuatro patas embistiendo a la gente. Sí, hay niños que salen de la consulta del pediatra “de estampida”, algunos, más que llorar mugen cuando les pinchan, pero aun no conozco a ninguno que paste heno después de la triple vírica.


Otra posible causa, es el autismo. Y es que en 1998 Andrew Wakefield publica en Lancet un artículo que relaciona la administración de la triple vírica, con el desarrollo del autismo. Andrew acusa a las grandes farmacéuticas de encubrir esto para proteger su millonario negocio. Pero por más que investigadores independientes tratan de reproducir sus estudios, muchos de ellos para amillonarse demandando o chantajeando a las farmacéuticas, nadie lo logra. ¿La causa? Básicamente Andrew quería  desacreditar la triple vírica porque tenia intereses económicos en vacunas alternativas y directamente se inventó los resultados de sus pruebas clínicas


Pero la verdadera causa, es que Einstein tenía razón. Nuestra estupidez es tan infinita, que en zonas de California, la tasa de vacunación es inferior a la de Sudán del Sur. Nos gusta creer en los charlatanes, los milagros y los dioses., y solo cuando vemos las orejas al lobo, recurrimos a la ciencia, los médicos y la razón, y aun así lo hacemos renegando de ellos y acusándoles de ser la causa de nuestras desdichas.


Espero que ningún anti vacunas se acerque nunca a mis niñas. Me pongo un poquito violento cuando por negocio, estupidez o afán de protagonismo, las ponen en peligro. Como esos niños que han estado de campamento con el pobre chaval infectado de difteria, o los niños que han sufrido el sarampión por pasar unos días en Disneyworld con organizadores de measles party de los que venden “invitaciones” a 50€.


¡Asco de humanidad! ¡Salvo mis niñas!

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