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miércoles, 20 de mayo de 2015

El padre de cervecitas y el hijo de ...



Este fin de semana acudimos al cumpleaños del nene de una amiga. Tiene la edad de mi nena mayor y nunca habíamos ido a un evento así, por lo que fuimos tanto para que los niños se lo pasaran bien como para ver cómo se organizan estas cosas, ahora que vamos a empezar el cole.


La fiesta la organizo nuestra amiga en el local de la comunidad de vecinos, toda una suerte contar con algo así. Nosotros los tendríamos que repartir en grupos en el baño, el balcón, la cocina…

Y comienza la fiesta. Llegamos con puntualidad británica… ¡y no había llegado ni Dios! Así que primera lección que nos dieron. Convoca la fiesta pronto, porque todo el mundo llegará tarde. ¡Y vaya si llegaron tarde! Algunos llegaron dos horitas tarde, cuando ya no había ni tarta. Menos mal que había chuches como para alimentar una legión de paraduendes.


Segunda lección. Da igual que la fiesta sea para niños de tres o cuatro años. Para los padres ¡cervezota! Y si les acercas una bandeja con patatas, gusanitos o cualquier otra chuche, no ayudaran a repartirlas entre los niños, vienen bien para acompañar la cervezota. ¡Los niños ya comerán algo… supongo!

Dos docenas de enanitos, con sus respectivos dos padres. Es de suponer que algún padre se encargará de que los pequeños tengan a su alcance chuches, no se tiren el zumo unos a otros, no utilicen las paredes como servilletas ni las cabezas de los más pequeños como cojines… Pues en total, contando con mi amiga, estaríamos tres o cuatro padres tratando de mantener el orden. Lección número tres… ¡alguien se encargará!

Llega la tarta y llegan las velas. ¿Crees que algún padre se preocupa por el fuego, los pelos, las servilletas…? Si, concretamente dos. Mi amiga y yo. El resto se reparten entre las cervezotas y las fotos. Bueno, y también mi mujer, que estaba buscando con la mirada el extintor. Por suerte, no hizo falta. Lección cuatro. Siempre hay un niño más rápido soplando las velas, y su padre no está cerca para pararle. Pero la verdad es que al final hay que dar las gracias. Yo pienso usar velas con led en lugar de fuego.

Llenas las tripas, chocolateados los hocicos, llega el momento de jugar. Todos al patio a correr unos tras otros, jugar con el balón, comer piedras…  Sí. Mi amiga capturó vivo a un espécimen de monstruo comepiedra en plena acción en el patio. 


Y si preguntas por el padre, adivina. ¡cervezota!

Pero bueno, los niños lo pasaron bien y los chinos de la zona vendieron más juguetes de lo habitual.

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