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miércoles, 15 de abril de 2015

Si pestañean se lo van a perder

Si eres aficionado a la Fórmula 1 en España, seguro que te suena la frasecita, relativa a lo rápido que ocurren las cosas allí. Pero te puedo asegurar que con mis hijas, los cambios son aún más rápidos.


Tres meses, y apenas sabe abrir los puños. Sentada en su hamaquita mira con poco interés a los peluches que cuelgan sobre su cabeza. Yo me empeño en balancearlos ante sus ojos sin éxito.

No pasa ni una semana y me la encuentro palmoteándolos mientras les dedica toda clase de gorjeos.

Sólo unos días más tarde le compramos el típico sonajero con forma de animal y diferentes texturas y colores. Lo colgamos junto a los animalitos que cuelgan sobre su hamaca y no deja de mirarlo con interés.

Al día siguiente, en medio de un concierto de gorgoritos y grititos, esas manitas que hace unos días sólo eran puñitos sujetan con fuerza las patas del sonajero y se la llevan con decisión a la boca.

Si siendo tan pequeña veo esos progresos en tan poco tiempo ¿Qué puedo esperar en un par de años?

Pues la respuesta está a su lado y es su hermana, que ha venido corriendo a cantarle una nana porque “hermanita” estaba lloriqueando.

Que rápido pasa el tiempo, y cuantas cosas ocurren sin que nos demos cuenta hasta que lo las vemos con algún punto de contraste.

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