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viernes, 13 de marzo de 2015

Seguimos a vueltas con el pañal

Si eres asiduo del blog, ya sabrás que estamos inmersos en la “operación pañal”  con mi hija mayor. Sin prisa pero sin pausa vamos trabajando el tema. Y sin prisa pero sin pausa os voy a ir contando los progresos y las regresiones que vivimos. Una historia de contrastes, con la de cal y la de arena, con las sonrisas y las lágrimas…

El tema está dividido en dos. Por un lado, la poco exitosa y muy problemática caca, y por otro lado, el satisfactorio pis.

Con la caca ya os conté que mi niña vivía un idilio tórrido, y no quería dejarla escapar de ninguna de las maneras. Encontramos una solución temporal con un potingue llamado Blevit L, pero… Cuando la cosa se empezó a normalizar, nos confiamos y bajamos la guardia y la cosa fue a peor. A mucho peor

Mi nena se aguanta la caca con una pasión propia de culebrón venezolano. No vale de nada que la amenaces con quitarle los juguetes, que la castigues sin ver los dibus, que le prometas jugar con mi tablet, que la premies con monedas de chocolate cuando hace algo de caca. ¡Qué no! ¡No quiere hacer caca! Hemos llegado al punto de que aguanta horas, y no pocas tras ponerle un supositorio laxante.

Hemos aumentado la dosis de fruta. Antes básicamente la tomaba en potitos de fruta y zumos, y ahora hemos añadido el kiwi y la mandarina. Pero las ciruelas me las estoy comiendo yo, que soy quien menos las necesita en casa. Hemos usado supositorios para casos de largas sequias. Ahora además, estoy implantando la rutina de sentarse en el trono todas las mañanas para “apretuzar”.  El WhatsApp con mi mujer es una escatológica narración de las cacas, tamaños y texturas.
 
Ejemplo de mi WhatsApp


Y parece que vamos viendo luz al final del túnel. Parece que ya hacemos caca a diario, o casi, aunque no en el W.C. Imaginad lo mal que lo hemos pasado, que nos ilusiona quitar cacas de las braguitas. Mi mujer tiene la teoría que después de dar a luz no expulso la placenta si no el estómago.  Porque hace falta tener un estomago de acero para limpiar algunas “caquitas”. Yo creo que directamente nací sin estómago y me pusieron un bidón vacío. Por eso me cuesta tanto llenarlo y por eso puedo limpiar “caquitas”

Pero todo tiene su parte buena y su parte mala. La mala ya la conoces, la buena, es que de la forma más tonta hemos logrado quitar el pañal en lo referente al pis, y sin casi incidentes.

El caso es que yo le empecé a decir a mi nena que teníamos que hacer una aventura  sin pañales, pero sin insistir ni esperar nada. Un día, mi mujer tenía que ir a la farmacia y fue mi niña la que dijo de ir sin pañal. Como era solo bajar a recoger algo de la farmacia y volver, mi mujer se aventuró y fue un gran éxito.

Lo dejamos pasar un poco, hasta que un día, al prepararnos para irnos, volvió el tema de la aventura sin pañales y decidimos probar. Afortunadamente, mi mujer fue previsora y llevamos ropa de repuesto, porque a la niña se le olvido que estábamos de aventura sin pañal y tuvimos un pequeño escape.

Pero solventado el escape, nos envalentonamos todos, y seguimos intentándolo. Los primeros días, de cuando en cuando  recordábamos a nuestra aventurera que iba sin pañal. Pero desde ese primer escape, apenas ha habido fugas.

Por la noche aún estamos “apañalados”, aunque ya tenemos unos bragapañales para hacer el ensayo de dormir con ellos e ir a hacer pis a media noche. Aunque visto como se están desarrollando las cosas con el pis, lo haremos sin presionar, dejando que las cosas fluyan, pero si es posible, que no fluyan al colchón.

Una de cal y otra de arena. Pero en esta guerra no se acepta la rendición.

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