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jueves, 4 de diciembre de 2014

¿Y por qué?

Dos años y medio y estamos comenzando esa etapa que tanto miedo da a muchos del ¿y por qué? La verdad es que a mí no me produce de momento ningún miedo... ¡ya escarmentaré! Pero como siempre pasa con los padres primerizos, no es tan fácil como pensabamos desde fuera.

Tanto mi mujer como yo hemos tratado siempre de razonar las cosas con mi princesita. No es que le diéramos una sesuda disertación de porque debía recoger sus juguetes, pero en lugar de la simple orden de “recoge tus juguetes” usábamos frases explicativas como “recoge tus juguetes para que no se pierdan” o “recoge tus juguetes para no tropezarte con ellos”

Eso ayuda, no nos resulta tan extraño que nos pidan explicaciones del porqué de las cosas, puesto que ya las íbamos dando. Pero cuando empiezan a surgir las preguntas desde la mente de alguien que está descubriendo el mundo, que no tiene ideas preconcebidas y que cada respuesta genera más dudas, las cosas se complican.

Aún no hemos empezado con las preguntas “comprometidas”. Esas referentes a cualquier tabú, como el sexo, pero sin llegar a ellas, ya hay preguntas que te ponen en apuros, porque te das cuenta de lo difícil que es explicar las cosas sin dar nada previamente por sentado, por conocido, por aceptado.

Y es que imagina que le dices a mi pequeña que no pise las hojas caídas, porque se puede resbalar. Ella replica con un ¿y por qué? Y tú te planteas como explicarle lo que es la inercia, la fricción y el galletón que te puedes dar cuando la inercia no se controla con la fricción de tus suelas de zapato.

Otro caso que ocurre de cuando en cuando es bajar del Cercanias y que te pregunte que a donde se va el tren ahora. Tratas de contarle que va a llevar a la gente a sus casas y ella te pregunta el porqué. ¿Y qué filosófica razón nos mueve a volver a casa? Total, puedes dormirte en el tren, comer en un bar,  jugar en el parque y bañarte en la piscina... Al menos en su mente es así, y no se puede decir que nada de eso sea falso.

Lo que tengo claro, es que hay que responder a todas esas preguntas con paciencia y con simplicidad. Y pretendo huir de las afirmaciones del tipo “esto es así porque lo digo yo” Pretendo que mi niña mantenga el espíritu curioso y siga preguntándose el porqué de las cosas sin tener que recurrir a la santa voluntad de Dios, Alá o el sagrado Espaguetti volador.

Veremos si lo consigo.

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