barra cookies

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hoy me vais a perdonar si este artículo tiene fallos y no está bien escrito. No es por la cena navideña ni por los brindis, es que está escrito desde los paritorios.
Pues si, mi segunda hija está a punto de nacer, y ha decidido darnos un regalo navideño.
Lo malo del nacimiento de mi segunda hija es que hemos roto aguas a las siete de la mañana, son las once de la noche y seguimos sin contracciones regulares... Vamos, que va para largo.
La parte buena, es que mi mujer es una jabata y aguanta estoicamente las contracciones y mis chistes malos. 
En contra de lo que pueda parecer, la gente que está aquí trabajando en lugar de estar con sus familias mantiene un buen y cálido espíritu que se agradece mucho e incluso se las han apañado para darnos la cena a los papas, no sólo se han acordado de que existimos sino que además lo hacen con una sonrisa. Gracias.

El relato sigue, son las dice y media y por fin pasamos de dilatación al paritorio en sí. Ahora mismo estamos llamando a la yayi a ver si mi otra pequeña esta bien. Es la primera vez que nos separamos y no da las buenas noches a mami y después papi le cuenta su cuento favorito y eso me preocupa. Pero los yayos son unos genios y mi pequeña duerme con la pobre yayi como colchón.
Dos de la mañana, la cosa se acelera. La epidural parece que pierde la efectividad, pero no, es que ahora SI estamos de parto. Lo que técnicamente se llama expulsivo.
Son las tres. Todo lo que antes fue lentitud ahora ha sido velocidad y ya hace media hora que ha nacido y por fin puedo sentarme unos minutos con ella en brazos. 
Verla salir,a pesar de que es «sangriento», es muy bonito. Aunque mi mujer ha pasado un mal rato, los dos estamos sonrientes, tenemos nuestro regalito navideño y además de tener todos los brazos, dedos, piernas y orejas tiene buenos pulmones y apetito.
Bienvenida hija, que el mundo te trate bien... o se las verán conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario