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martes, 21 de octubre de 2014

Niños y mascotas

Mucha gente tiene mascotas y se pregunta cómo se adaptarán a la llegada de un bebé. Como era mi caso. Y por el lado contrario, mucha gente se cuestiona si hacerse con una mascota, porque tiene un bebé correteando por casa.

En ambos casos, no hay que preocuparse más de la cuenta. Generalmente los problemas están más en nuestra cabeza que en ningún otro sitio. Basta con hacer las cosas con un poco de sentido común y paciencia.


Antes de la llegada de mi bebé, en casa convivíamos con una enorme gata de cerca de 9 kilos y con un perro que era la definición perfecta de nervioso e incansable. La primera es tremendamente tranquila y solo se preocupa por comer y dormir, así que no supuse que diera problema alguno.

Pero ¡ay mi perro! Era un nervio puro, inquieto e incansable. Era muy pacifico, pero constantemente exigía atención y siempre estaba dispuesto a jugar, recibir mimos, comerse algún juguete… Ante su forma de ser, temíamos que pudiera tener celos, que fuera propenso a comerse los juguetes de la bebé o que en sus ansias por jugar con ella pudiera lastimarla  debido a su ímpetu, aunque fuera sin ninguna intención.

Poco antes del parto, montamos la minicuna para comprobar que todo estaba bien y Terminator, que así se llamaba, nos dio toda una demostración de principios. Dejo claro lo que iba a pasar.



Cuando la bebé llego a casa, la “presentamos en sociedad”, lo que equivale a decir que se la enseñamos a nuestros “bichos” y les dejamos que la olisquearan mientras estaba en brazos, para que se dieran cuenta que era “un nuevo miembro de la manada”

Desde ese momento, Ayla, la gata no ha tenido mucha relación. Procura poner tierra de por medio antes de que le fastidien la siesta. Y Termi, solía estar curioseando siempre cerca, especialmente cuando mi nena lloraba. Sin embargo, tras los primeros tirones del rabo, cabezazos y zarandeos, comenzó a acostumbrarse a poner un poco de distancia por medio. Pero en ningún momento hizo el más mínimo intento de gruñir o de defenderse aunque le quitaran un juguete de la boca. Había que estar atento a que no capturara ningún juguete de los que le lanzaba mi pequeña terremoto, pero bastaba con decirle que no lo tocara, que era de la niña para que lo mirara con ganas, pero sin tocarlo.

Y ahora acabamos de vivir el caso contrario. Entra una mascota a casa con bebé. Mis suegros se han hecho con una pequeña gatita de dos meses y teníamos la intriga de cómo se relacionaría con mi niña cuando fuéramos de visita. Esta foto ilustra el resultado.


 Como las dos tienen una energía inagotable, hay una escena como de película cómica antigua. Una vez es una la que persigue a la otra por el pasillo, y segundos después, es la otra la que persigue a la una en dirección contraria por el pasillo.

Así las cosas, mi experiencia en la convivencia entre niños y mascotas no puede ser mejor, por lo que no creo que nadie deba preocuparse por ello.

Y me vais a permitir que le dedique este artículo a mi chucho, Terminator. Que me demostró que el perro es el mejor amigo del hombre… y de los bebés.

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