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viernes, 10 de octubre de 2014

Constipado

A todos nos gusta hablar de nuestros pequeñajos, contar lo listos que son, la última ocurrencia graciosa que han tenido, lo bien que comen o duermen, cuanto quieren a su osito de peluche… Pero que poco hablamos de cuestiones menos agradables, como un buen constipado.


Y es que cuando se constipan, todo cambia. Para empezar, da igual lo escrupuloso que fueras, vas a quitar los mocos sin pararte a pensarlo, vas a usar el sacamocos  como si fuera una aspiradora industrial y vas a sentir en cada beso como mocos, babas, legañas y lágrimas hidratan su piel.

También te olvidas de cualquier precaución sanitaria hacia tu persona. Si tu pequeña mocosa te pide un abrazo mientras le cuelga un moco hasta la cintura, da igual que tenga un constipado, la gripe o el garrotillo. Tú le das el abrazo. Y ella aprovecha para sonarse los mocos usando tu hombro como pañuelo.

Pero también te da súperpoderes. Eres capaz de mecer a tu niña en brazos durante horas sin descanso porque así está más tranquila. Por supuesto, aguantando lo que haga falta sin dormir. Y no solo eso, también logras circular por la casa durante la noche con ella en brazos aunque tengas los ojos cerrados y algunos dirian que roncando, sin casi tropezarte con los muebles. Incluso te crece un brazo auxiliar que te permite coger un pañuelo de papel mientras luchas a brazo partido con tu bebe para que no se restriegue por la cara el supermoco que le ha quedado colgando tras el último estornudo.

La parte menos divertida es la ansiedad que te sobreviene. Hace un par de noches, cuando a mi pequeñaja le dio fiebre, su madre y yo  medimos la temperatura con dos termómetros unas 15 veces en menos de 10 minutos.  Llegas a tal estado de “nomequierocreeresto” que incluso le tome la temperatura al gato para ver si el termómetro estaba bien.

Llega el momento en que es imposible calmar a tu bebe. Tratas de hablarle, de que te de alguna indicación  sobre lo que le duele o le molesta. Ruegas, pides por favor, exiges, ordenas… pero la única respuesta son llantos. Y te empiezas a sentir el peor padre del mundo por no saber qué le pasa a tu niña y como calmar su malestar. Te empiezas a enfadar porque no contesta. Pero al instante te sientes tierno porque esta pachucha. Te molesta que lloriquee, te pone triste oír su nueva voz de “Don Vito Corleonne”. Y todo a la vez.

Y ocurre lo que tiene que ocurrir. A las tantas de la noche, te vistes a toda prisa, que pareces el señor Barragan.  Vistes a tu bebé y te vas a urgencias. Tan pronto como sales a la calle, el fresco de la noche y la actividad  novedosa devuelven la normalidad a tu niña. Empieza a respirar mejor, habla más, no llora… Y en alguna ocasión los médicos nos han echado esa mirada que dice “padres primerizos” tras explorarla y encontrarla casi asintomática. Te vas a urgencias con la sensación de que eso va a volver a ocurrir… o tal vez es el deseo de que sea así.

Por suerte, no hemos tenido que afrontar nunca nada más grave que un constipado con algo de fiebre, pero es una de las peores experiencias que te puedan tocar. Y parece un tópico, pero es cierto. Deseas que te diera el constipado a ti, la gripe, una pulmonía, pero que a tu bebé no le dé más ni tan siquiera ganas de estornudar.

Y confiésalo. Puedes olvidarte de comprar el pan o desayunar café con leche de continuación para bebes porque olvidaste comprar tu leche. Pero en casa no falta el Dalsy o sus homologos jamás. ¡Jamás!

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