barra cookies

viernes, 12 de septiembre de 2014

Lo bueno y lo malo de mi niña

Siempre me quejo de que mi nena no duerme nada. Y es cierto, llevo casi tres años sin dormir bien. Aunque lo que callo es que si una noche no se despierta y me llama, el que se despierta soy yo.

Seguro que otros padres se quejan de otras cosas. El niño no come, no habla… Y eso me lleva a pensar en la poca importancia que le doy a las cosas que mi bebé si hace.


Por ejemplo, mi pequeña come bastante bien y variado. Las frutas y verduras no le gustan mucho, pero pasadas por puré no tiene problemas con ellas. Y le gusta el pescado, las judías blancas, la sopa... He visto a otros padres pasar las de Caín para que su hija comiera. Les he visto sufrir de verdad… ¡Y yo sin apreciar que mi nena come bien! ¡Y no le gustan las chuches!


Tengo una compañera de trabajo con un niño dos semanas más pequeño que la mía. Su madre cuenta orgullosa a sus compañeras sus andanzas y como yo trabajo cerca, me entero de todo. Y siempre, en sus hazañas Victor, responde a su madre con un “Aaahh”  que su madre traduce por un sí o un no según su entonación o a que señale. Y yo me olvido de que mi pequeña, aun con su lengua de trapo, es una charlatana que llega incluso a contarle cuentos a su muñeca Pinki o a castigarla sin dibus por portarse mal.

Tampoco he tenido problema alguno con los chupetes. En mi caso han sido un artículo decorativo, porque nunca los ha querido. Ni he tenido problemas para el destete. Ella sola empezó a mostrar más interés por otras comidas que por el pecho. Ni ha sido amiga de chuparse los dedos, aunque a veces se divierte enseñándome como se chupa el dedo gordo del pie.

Mi amigo Julián contaba que el tardo mucho en caminar. Su técnica era sentarse e ir dando saltitos sobre el culo para desplazarse por toda la casa. Mi niña gateo solo unas semanas. En seguida el objetivo de sus gateos era llegar a un lugar donde agarrarse para ponerse en pie. Y en poco más de un mes ya estaba caminando.

Con todo esto en la cabeza, ahora me pregunto si cambiaría el dormir por la batalla de la comida que sufrían cada día Ana y Javi o por la desesperación de la madre de mi amigo Julián que ya pensaba que su hijo tenía algún tipo de problema o por mi compañera de trabajo que tiene decenas de traducciones para el “Aaahh”  de su nene. Y la respuesta es NO. Prefiero no dormir y que mi nena sea exactamente como es.

Si lo piensas bien, tratas los problemas, manías  y torpezas de tu hijo como si fueran lo más importante del planeta tierra y nos perdemos las gracias, progresos y adelantos. Y eso muchas veces nos frustra, cuando simplemente con mirar la otra cara de la moneda, estaríamos más que contentos.

Así que si quieres un buen consejo, fíjate más en lo mucho que tu bebé hace bien, e ignora el resto. ¡Ya dormiré cuando….! ¡Bueno, en algún momento! Pero ahora no me pierdo a mi enana contándome como el bombero la subió al camión y hacia ninoninonino

No hay comentarios:

Publicar un comentario