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lunes, 28 de julio de 2014

A veces no te das cuenta de sus progresos

Desde que era muy pequeña, comenzamos con la rutina de lavar los dientes a mi bebé durante el baño. Bueno, en realidad, comenzamos limpiando encías, y ya estamos casi con todos los dientes.

Compramos un kit de tres cepillos, que abarcaba desde solo las encías, los primeros dientes a la dentadura “casi completa” Y hace poco, por fin sustituimos el kit por un cepillo infantil.


El cambio al cepillo infantil fue bien recibido. El mango tiene forma de carita sonriente y además huele a fresa. Aunque echaba de menos su cepillo anterior, y repetía mucho “equeño no ta” (el cepillo anterior era mucho más corto) la carita sonriente y el olor le gustaban y quería convertirlo en un nuevo juguete.

Como se trata de que la higiene sea algo agradable para fomentarlo, le dejaba que juguetease con el cepillo pensando que era su nuevo muñequito, hasta que de buenas a primeras, me encuentro con que está metiéndose el cepillo en la boca y tratando de frotar con el los dientes. Vamos, lo que es la versión bebé de lavarse los dientes.

La “fiesta” pertinente para reafirmar esa actitud como algo positivo y la ocurrencia de papa. Venga bebé, que ahora hay que enjuagar el cepillo y… ¡Sorpresón!  Enjuaga el cepillo en su tacita y vuelve a la tarea de limpiar los dientes.

Y desde ese día, primero limpio yo los dientes mientras ella dice “yo totita” y cuando acabo, le dejo el cepillo y ella empieza a guerrear para darle la vuelta, limpiar las incipientes muelas, luego enjuagar, volver a dar la vuelta y limpiar los dientes delanteros…

Hace cuatro días tenía que guerrear con ella para que abriera la boca y limpiar las encías con un cepillo de silicona sin cerdas y ahora ella se lava los dientes “totita”. Y ese cambio sin darme cuenta, simplemente un día te das cuenta de cómo han cambiado las cosas.

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