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lunes, 2 de junio de 2014

Dormir está muy sobrevalorado

Cuando alguien duerme tranquilo y profundamente durante mucho tiempo decimos que duerme como un bebé. Bueno, si eres padre, sabrás que eso es una gran mentira. Un bebé no duerme, ni tranquilo ni profundamente ni de ninguna manera. Y si el bebé no duerme, tú, menos.


Es cierto que algunos bebés son pequeñas marmotas. Tengo una amiga que con su bebé de semanas, en lugar de darle el pecho cada dos horas, muchas noches lo hacía cada tres o cuatro horas porque el pequeño no se despertaba a pedir la toma. Ya con un añito, dormía toda la noche de un tirón… ¡qué envidia!

Pero eso no es ni de lejos lo normal. Si ya tienes niños y me estás leyendo, seguramente habrás tenido que ir a un diccionario a comprobar que quiere decir dormir. Si aún no los tienes… ¡duerme insensato! ¡Aprovecha si aún puedes!

Cuando el bebé es un recién nacido, tiene que hacer una toma cada dos horas de pecho o cada tres horas de biberón. Eso quiere decir que cada dos horas estará despierto pidiendo teta, y durante un rato estará comiendo. Pero el muy malévolo, coloca el crono a cero en el mismo momento en que se engancha al pecho, así que cuando termine, le saques los gases y lo duermas, ya habrán transcurrido buena parte de esas dos horas hasta la siguiente toca. ¿Te explico cuanto tiempo te queda para dormir?

Y eso suponiendo que le puedes sacar los gases relativamente rápido y que no te suelte la bocanadita del infierno y tengas que limpiar media casa. Porque los bebés no comen hasta que se sacian, lo hacen hasta que están listos para rebosar, y ese extra lo devuelven en forma de “la bocanadita”. En serio, he visto dragones vomitar menos cantidad y con un olor menos horrible. Si te toca ser tú el que saca los gases, acuérdate de la toallita en el hombro y los pañuelos a mano. Y no te confíes, la va a soltar, si puede ser, sobre ti.

La bonita teoría dice que conforme crecen, comen más rápido y más espaciado en el tiempo. Cierto, pero ahí es cuando empiezas a jugar a una lotería a la inversa que no quieres que te toque. Los cólicos del lactante. Los cólicos son una enfermedad de la que se desconocen los motivos y no tiene tratamiento, pero que misteriosamente acaba a los tres meses de igual manera que empezó ¡por sorpresa!

Y ¿en qué consisten esos cólicos? Pues aparentemente son unas molestias gástricas sin consecuencias, pero que hacen que tu bebé llore y se retuerza como si el esófago le estuviera bailando con la glotis. En mi caso, solo lograba consolarla de tres maneras.

  1. Poniéndola al pecho de su madre, que la calmaba temporalmente, pero claro, si no tenía hambre…
  2. Cogiéndola en brazos bien sujeta contra el pecho, al calorcito de julio y agosto y pegando saltitos o caminando a toda prisa.
  3. Saliendo al hospital desesperado tras horas de llanto, pensando que algo estaba pasando… Se dormía en el coche al estar llegando.
 Para colmo mi nena tenía problemas para echar los gases, con lo cual el fin de los cólicos del lactante no significo que empezara a dormir mejor, aunque aquí, al menos, lográbamos calmarla con un masaje y haciéndola encoger las piernas contra su pecho y luego estirarlas repetidamente.  Además ayudan algunos productos a base de hierbas medicinales que puedes añadir a su agua, papilla o leche. Pregúntale a tu pediatra, que te indicará, pero no te lances por tu cuenta a darle manzanilla o cualquier otra maravilla del herbolario, porque aunque sea el remedio en que se basan esos productos, no tienes forma de hacer una dosificación acorde a tu bebé.

Y no acaba todo aquí. ¿Has tenido algún buen dolor de muelas? Pues tu bebé tiene que pasarlo para que le salga la dentición.  Solo la calma morderse los dedos, tomar prestados los tuyos para ese menester, los chupetes y los mordedores.

En mi caso, tuve cierta suerte, porque los dientes no le salieron de uno en uno, si no por pares, lo que acorta el periodo más desesperante. Pero como nunca ha sido amiga de chupetes, descubrí el maravilloso mundo del mordisco con dientes ultra-afilados. ¡Mira que gracioso, te ha dejado marcados los dientecillos! ¡Si, lástima que haya llegado al hueso!

Todo eso, ha conseguido que mi nena no haya aprendido a dormir correctamente y ahora, con dos añitos, es cuando empieza a aprenderlo. Lo malo del tema, es que ahora soy yo el que he aprendido a no dormir, y si no me despierta mi pequeña pidiendo agua muchas veces por la noche, me despierto yo y me pongo a pensar si le habrá pasado algo y por eso no me llama. Al final, termino yendo a comprobarlo, con lo que la despierto sin querer…

Así que si quieres ser amigo mío, nunca digas eso de “dormir como un bebé” ZZzzZZzzzZZzzzz

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